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Día 9 de Enero: Adoración Eucarística en honor del Santísimo Sacramento, en la Parroquia de Ntra. Sra. de las Mercedes y Santa Genoveva, presidida por el Rvdo. Sr. D. Antonio Palma Palacio (20 horas).

miércoles, 4 de mayo de 2011

"Solo" por Fran López de Paz

“¿No puedes? Bueno pues otro día, vale…” “Oye, te acuerdas de mí, soy el Juan, el de… bueno vale, te llamo en otro momento” “Este abonado tiene restringidas las llamadas a su teléfono móvil, si quieres dicte un mensaje…” “Ah, que te has casado, claro, es que yo no te veo desde que entré en el Centro Penitenciario hace dos años… claro, claro, que te vas con los niños” “Mira Juan a mí no me llames más que buena la liaste, pi pi pi…” La agenda está llena de teléfonos viejos. Ha cumplido su condena de dos años de cárcel.

La verdad es que no es un estereotipo de presidiario. Sobrevivió en el extrarradio a los envites de la droga, logró estudiar más allá de sus colegas pero un juego de trapicheo que se fue agrandando y agrandando lo puso a los pies de los caballos. Detenido, juzgados y dos años de prisión por posesión y venta de droga. Su madre no superó aquello. Una vecina le ha dado la llave de la casa, cerrada desde que ella murió en el hospital. “Oye soy el Juan; pi pi pi…” “Álvaro soy el Juan; pi pi pi…” Ya le ha quedado claro. La cárcel le ha dejado sin la gente que él creía que iba a estar ahí cuando saliera. Lo veía venir porque en dos años cuatro cartas son muy pocas cartas para dos años. Está solo y es lunes santo. Tenía ganas de volver. A sus 25 años pensaba que en esta Semana Santa iba a regresar a los años en los que cogían el autobús y llegaban al centro para conquistar la tierra prometida. Después, ya sin autobuses y sin dinero para taxis había que ir andando a casa, un camino que ellos convertían en romería de recuerdos de todo lo que habían sido capaces de guardarse en la memoria. Pero la cárcel es como un tatuaje que te marca. ¿Reinserción?

Y eso que allí ha empezado a estudiar derecho. Pone la radio. Fíjate, en el mismo dial donde la dejó su madre. Y escucha como una chica está transmitiendo la cofradía del barrio más cercano al suyo. Está saliendo el Tiro de Línea. ¿Quién dijo miedo? Se ducha, busca una camisa y un pantalón chino, no encuentra zapatos, pero estas zapatillas de deporte no están mal. Y a la calle. Solo, pero en la calle. Que distinto es ir a ver la Semana Santa a tu libre albedrío, sin tener que acordar con nadie un sitio una hora o una cofradía. El que no se consuela es porque no quiere. Se compra el ABC y recorta la hoja del programa. Iba a coger el autobús pero decide irse andando al barrio cercano. Allí es fiesta. Un revuelo de niños con túnica blanca y capa negra pican algo con sus padres, al fondo, los capirotes negros de la cofradía y algo más allá un Cristo con las manos atadas, solo y abandonado. Él también tuvo las manos atadas. Él también ahora está solo. Y abandonado. Espera hasta quedar a su altura. Está mirándole a los ojos cuando una mujer se le acerca. “Tú eres Juanito ¿no?

Qué pena de tu madre mi vida, el año de lo tuyo salió aquí detrás del Cautivo, pero ya estaba muy malita. Ella solo decía, mi niño, mi niño, mi niño… ¿Tú ya estás fuera? Pues toma estas estampita para que te cuide.” Mi niño, mi niño, mi niño. Una madre siempre sabe que su hijo es inocente aunque las culpas sean evidentes. El Cristo se aleja, Juan también. Toman caminos distintos dos hombres cautivos en su presente y en su pasado y abandonados en su futuro. Después de encontrarse con aquella mujer que le dio la estampa le entraron ganas de volver a casa a macerar la pena entre las paredes colgadas de recuerdos, pero ese Cristo le ha enseñado que uno se basta con si mismo para salir a la calle un lunes santo quizá a encontrarse con su propia historia. Parece que el día lo escribieron para él; traicionado –el beso de Judas- acosado –San Gonzalo- burlado –el Polígono- caído –San Vicente –agotado- El Museo- y muerto en Vera Cruz y en el Arenal de las Aguas.

Ahora entiende esas historias que le contaban de los monjes trinitarios con los presos. No solo confortaban su cautiverio sino que después intentaban que esas personas volvieran a la normalidad. Agarrado a la estampa, él intenta ser consciente de su nueva normalidad. Ha visto a dos o tres conocidos que le han vuelto la cara. Cuatro o cinco más le han saludado de esta manera tan recurrente que indica que después de decirte “hola” se acaba la conversación. Pasa la tarde en las esquinas viendo cortejos y pasos. Cuando es de noche regresa a casa. No a casa no, mejor al barrio, al Tiro donde ya es triunfal el regreso del Cautivo y de la Virgen de las Mercedes. “

Ay Juanito otra vez estás aquí, yo vengo con los pies destrozados pero dije que hasta el final y hasta el final llego. ¿Por qué no se apoya usted en mi brazo señora?” Juan se coloca tras el Cautivo haciendo de cirineo a su antigua conocida que cuando se levanta el paso comienza a bisbisear padrenuestros. “A mí se me ha olvidado ya como se reza” “Pues tu repite conmigo, Padrenuestro que estás en los cielos, venga, santificado sea tu nombre…” Y uno y otro y otro. El Cautivo va a entrar. Se callan las cornetas y los padrenuestros. Salió de su casa solo y abandonado, como él. Ahora que termina la procesión, este joven al que hoy todos le han dado la espalda ha encontrado un brazo amigo y le han recordado como se reza. Poco a poco ha dejado de sentirse solo y abandonado.

Francisco José López de Paz (PASIONENSEVILLA.TV)

Fotografía: N. H. D. Juan Antonio de la Bandera Berlanga